Encantadores de mentes

Encantadores de mentes

Encantadores de mentes

Giacomo Casanova. El conquistador más famoso de la historia (132 conquistas a su espalda) y el padre de los más clásicos seductores contó su amplio currículum amoroso en la autobiográfica Historie de ma vie (Las memorias de Casanova). Escritor, diplomático y agente secreto, Giacomo Casanova (Venecia, 1725-Bohemia, 1798), creó un estereotipo que hasta hoy ha llegado: el amante aventurero, aunque también, como señala Castellví: “Un gran conquistador y el eterno buscador que se desanimaba una vez había realizado la conquista”.Responde a la perfección al principio de la seducción: “Casanova adaptaba cada cita al gusto de la dama y era capaz de despertar una lujuria pura y espontánea en el dormitorio”, afirma Betsy Prioleau en Los grandes seductores. Además, señala en el libro, su voz y su dominio de la palabra lo hacían irresistible: “una voz sonora con seductoras inflexiones”. Y en fin…, ¿quién puede negar el poder que posee una voz hermosa tanto en un hombre como en una mujer?

Lord Byron. Sufría el poeta Lord Byron (Londres,1788-Grecia,1824) una cojera que en principio podría parecer poco seductora, pero no fue para él problema en este sentido. Una prueba de dónde reside el poder de la seducción. El poeta, uno de los mayores casanovas de la historia, aborrecía cualquier convención y le encantaba pasearse por cualquier cuerda que fuera peligrosa. Ese peligro y desafío a lo establecido tienen mucho de imán: “El espíritu aventurero y el hombre valiente funcionan. ¿Por qué los pilotos de Fórmula 1 y de motos tienen tanto atractivo? Por soportar la tensión y el peligro” señala Patricia Ramírez. “Es innegable que a la mujer le atrae la fortaleza y al final la valentía, no ser temerario, es fortaleza”. Algo de crueldad parece que también había en Byron, que hasta tal punto se saltó cualquier norma que tuvo un hijo con su hermanastra. No se puede dejar de citar la relevancia de la creatividad: “Un vistazo rápido a la lista de amantes excepcionales” señala Prioleau, “saca a relucir a unos cuantos hombres de bandera con una personalidad creativa: lord Byron, Franz Liszt, Gustav Klimt…”

Franz Liszt. Ni la edad fue impedimento para el pianista a la hora de cosechar triunfos en cuestión de seducción: hasta el final de sus días mantuvo su magnetismo prácticamente intacto. Aparte de su evidente genialidad musical, potente atractivo, Franz Liszt había sido dotado de un interesante físico en su juventud que unido a su carácter seductor (muy hábil en sus relaciones) hizo que conquistara desde princesas hasta condesas o bailarinas. Una de sus armas más poderosas fue su capacidad para saltarse toda convención: “Nadie fue capaz de poner límites al pianista Franz Liszt: un espíritu vagabundo que superaba los confines de la civilización”, señala BetsyPrioleau en Los grandes seductores. Uno de los ejemplos recogidos en su obra muestra buena parte de sus habilidades: “Liszt sabía manejar a la condesa Marie d’Agoult con un toque de delicadeza. Alternaba las peleas con reconciliaciones amorosas, y cuando estaba de gira le escribía recargadas cartas de amor salpicadas de comentarios para provocarla”.

Albert Camus. Reunía Camus buena parte de las características casi de manual del seductor de mentes, era romántico, aventurero, inteligente, creativo… Y además cumplía su palabra. “Las mujeres lo consideraban atractivo e irresistible (un Humphrey Bogart francés) y lo amaban sin límites. Un año antes de morir en un accidente de coche, a los 46 años, hacía equilibrios con tres amantes en su vida, además de una devota esposa” (Los grandes seductores).

Pablo Picasso. Para Castellví es evidente el as del pintor que enloqueció a cuantas mujeres pasaron por su vida: “Era un grandísimo comunicador. Y esa capacidad de comunicación es un elemento totalmente seductor”. También Prioeau lo nombra entre las filas de los mayores casanovas de la historia y se remonta a cuando en París vivía en un sucio apartamento, algo que no impidió que las mujeres a las que conquistaba se echaran atrás. No era aún el grandísimo artista que llegó a ser y ya era un maetsro de la seducción. Un ejemplo más de cómo ni el dinero ni el espacio ni el poder ni la belleza tienen el poder que tiene el intelecto.

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